Encuentro con Luis Alberto de Cuenca

IMG_2411.jpgEl Departamento de Lengua castellana y Literatura ha organizado en torno al Día del Libro 2017 una serie de encuentros con autores. El primero fue el de Emi Rap; el segundo, con asistencia de estudiantes de 3º de ESO y de 1º de Bachillerato (Literatura Universal), el del poeta Luis Alberto de Cuenca, Premio Nacional de Poesía 2015.

Esta es la grabación en audio del acto, que publicamos aquí con permiso del autor. Durante el evento, el poeta regaló libros que luego dedicó a los estudiantes.

Algunas de las lecturas que mencionó y animó a leer son:

  • Canciones, de Guillermo de Aquitania (siglo XII).
  • Cancionero, de Petrarca (s. XIV).
  • Frankenstein, de Mary Shelley (s. XIX).
  • El vampiro, de John W. Polidori (s. XIX).
  • Vampirismo, del alemán E.T.A. Hoffmann (s. XIX).

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  • La máquina del tiempo, de H.G. Wells (s. XIX).
  • Por el tiempo, de Robert Silverberg (s. XX).
  • Pequeño Nemo (s. XX). (No te pierdas este magnífico doodle que Google hizo en homenaje a este cómic, una de las joyas de nuestra tradición cultural).
  • Los retratos (1971) –al ser preguntado por su primer libro–.
    Cuaderno de vacaciones (2014), Premio Nacional de Poesía.
    Abre todas las puertas. Antología 1972-2014 (2016).
  • Viñetas de plata, dibujado por Laura Pérez Vernetti (2017).
Luis Alberto de Cuenca inició su intervención elogiando la exposición de objetos poéticos que hemos organizado este curso. Falta el esqueleto que la vigila, pero para hacerse una idea…
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Puedes leer una selección de sus versos en Un poema cada día. Aquí debajo tienes otra muestra (la mayoría los leyó en nuestro centro).

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EL DESAYUNO
Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».
(El hacha y la rosa, 1993)

DNA
DNA o ADN, poco importa
si en castellano o inglés: el caso
es que me muero por tus proteínas,
por tus aminoácidos, por todo
lo que fuiste una vez, cuando tus padres
vinieron de cenar algo achispados
y, después de tirar de la cadena,
hicieron una nueva con tu nombre,
con tus curvas y con tus fantasías.
Dame una foto de tu DNA
tamaño DNI, que me retuerzo
de ganas de mirarla a todas horas.
(Por fuertes y fronteras, 1996)
BÉBETELA
Dile cosas bonitas a tu novia:
«Tienes un cuerpo de reloj de arena
y un alma de película de Hawks.»
Díselo muy bajito, con tus labios
pegados a su oreja, sin que nadie
pueda escuchar lo que le estás diciendo
(a saber, que sus piernas son cohetes
dirigidos al centro de la Tierra,
o que sus senos son la madriguera
de un cangrejo de mar, o que su espalda
es plata viva). Y cuando se lo crea
y comience a licuarse entre tus brazos,
no dudes ni un segundo:
bébetela.
(Sin miedo ni esperanza, 2002)
LA DESPEDIDA
Mientras haya ciudades, iglesias y mercados,
y traidores, y leyes injustas, y banderas;
mientras los ríos sigan vertiendo su basura
en el mar y los vientos soplen en las montañas;
mientras caiga la nieve y los pájaros vuelen,
y el sol salga y se ponga, y los hombres se maten;
mientras alguien regrese, derrotado, a su cuarto
y dibuje en el aire la V de la victoria;
mientras vivan el odio, la amistad y el asombro,
y se rompa la tierra para que crezca el trigo;
mientras tú y yo busquemos el medio de encontrarnos
y nuestro encuentro sea poco más que silencio,
yo te estaré queriendo, vida mía, en la sombra,
mientras mi pecho aliente, mientras mi voz alcance
la estela de tu fuga, mientras la despedida
de este amor se prolongue por las calles del tiempo.
(El otro sueño, 1987)
LA PESADILLA
Javier ha decidido suicidarse.
Elige hacerlo lejos de su casa,
donde los muebles no lo reconozcan
y no le hablen de Marta las paredes.
Viaja al azar por una carretera
que se prolonga demasiado. Sabe
que no habrá viaje de regreso y nunca
volverá a repetirse aquel tormento.
Se acaba el combustible, y su automóvil
se detiene a un kilómetro de Burgos.
Va a pie hasta la ciudad y se dirige
al mismo hotel donde nos hospedamos
Alicia y yo. Recuerdo su llegada:
su palidez, las manos ateridas
con que estrecha las mías en la puerta
del ascensor, camino de su cuarto.
Ya está en la habitación, ya la ponzoña
traga con avidez, el bebedizo
que lo rescatará de los desdenes
de Marta, del amor que lo destruye.
Mientras tanto, anochece. Alicia baja
a tomar una copa y yo me quedo
solo en la oscuridad, medio dormido.
Y sueño que Javier se está matando,
y que llego a su alcoba y me recibe
a tiros y me dice que me vaya
al infierno, y yo llamo a un camarero
a quien Javier acierta, y luego a otro,
y parece que va a seguir cargándose
a todo aquel que intente reducirlo,
pero el veneno avanza por sus venas
y la conciencia de Javier se nubla,
y suelta la pistola, y cae al suelo,
y vomita la vida en un espasmo
final sobre la alfombra del pasillo.
Llega entonces Alicia y me despierta
con dulces, largos besos de borracha,
y me quita la ropa y me pregunta
por qué tengo los ojos tan abiertos,
y no le digo nada, y nos amamos
duro, como en Ampurias, en agosto
del 80, y naufragan mis temores
en el mar de sus dientes y sus uñas.
(La caja de plata, 1985)
CONVERSACIÓN
Cada vez que te hablo, otras palabras
escapan de mi boca, otras palabras.
No son mías. Proceden de otro sitio.
Me muerden en la lengua. Me hacen daño.
Tienen, como las lanzas de los héroes,
doble filo, y los labios se me rompen
a su contacto, y cada vez que surgen
de dentro –o de muy lejos, o de nunca–,
me fluye de la boca un hilo tibio
de sangre que resbala por mi cuerpo.
Cada vez que te hablo, otras palabras
hablan por mí, como si ya no hubiese
nada mío en el mundo, nada mío
en el agotamiento interminable
de amarte y de sentirme desamado.

(La caja de plata, 1985)

VIVE LA VIDA

Vive la vida. Vívela en la calle
y en el silencio de tu biblioteca.
Vívela en los demás, que son las únicas
pistas que tienes para conocerte.
Vive la vida en esos barrios pobres
hechos para la droga o el desahucio
y en los grises palacios de los ricos.
Vive la vida con sus alegrías
incomprensibles, con sus decepciones
(casi siempre excesivas), con su vértigo.
Vívela en madrugadas infelices
o en mañanas gloriosas, a caballo
por ciudades en ruinas o por selvas
contaminadas o por paraísos,
sin mirar hacia atrás.
Vive la vida.


(Por fuertes y fronteras, 1996)

ABRE TODAS LAS PUERTAS

Abre todas las puertas: la que conduce al oro,
la que lleva al poder, la que esconde el misterio
del amor, la que oculta el secreto insondable
de la felicidad, la que te da la vida
para siempre en el gozo de una visión sublime.
Abre todas las puertas sin mostrarte curioso
ni prestar importancia a las manchas de sangre
que salpican los muros de las habitaciones
prohibidas, ni a las joyas que revisten los techos,
ni a los labios que buscan los tuyos en la sombra,
ni a la palabra santa que acecha en los umbrales.
Desesperadamente, civilizadamente,
conteniendo la risa, secándote las lágrimas,
en el borde del mundo, al final del camino,
oyendo cómo silban las balas enemigas
alrededor y cómo cantan los ruiseñores,
no lo dudes, hermano: abre todas las puertas.
Aunque nada haya dentro.

(Sin miedo ni esperanza, 2002)

LIBROS
Qué sería de mí sin vosotros,
tiranos y, a la vez, embajadores
de la imaginación,
verdugos del deseo
y, al mismo tiempo, mensajeros suyos,
libros llenos de cosas deplorables
y de cosas sublimes,
a los que odiar
o por los que morir.


(Por fuertes y fronteras, 1996)

Canción IV de Guillermo de Aquitania, primero de los trovadores provenzales
(traducción de Luis Alberto de Cuenca)

I
Haré un poema de la pura nada.
No tratará de mí ni de otra gente.
No celebrará amor ni juventud
ni cosa alguna,
sino que fue compuesto durmiendo
sobre un caballo.

II
No sé en qué hora nací
no estoy alegre ni estoy triste,
no soy huraño ni agradable,
y no tengo la culpa,
que de este modo fui de noche hadado
en una alta montaña.

III
No sé cuándo estoy dormido
ni cuándo velo, si no me lo dicen.
Por poco se me parte el corazón
de un punzante dolor;
pero no doy a cambio el precio de una hormiga,
¡por San Marcial!

IV
Enfermo estoy y temo morir,
y de ello no sé más que lo que oigo decir;
médico buscaré a mi voluntad,
y no sé de uno así.
Buen médico será si consigue curarme,
pero no, si empeoro.

V
Amiga tengo, no sé quién es,
pues nunca la vi, por mi fe.
Nada ha hecho que me agrade o me disguste
y no me importa en absoluto,
que nunca hubo normando ni francés
en mi casa.

VI
Nunca la he visto y mucho la amo,
jamás obtuve de ella favor ni disfavor;
cuando no la veo, hago caso omiso:
no doy a cambio un gallo.
Que sé de una más gentil y hermosa,
y que más vale.

VII
No sé en qué lugar habita,
si es en montaña o si es en llano;
no me atrevo a decir la sinrazón que me hace,
prefiero callar;
y mucho me pesa que ella se quede aquí:
por eso me voy.

VIII
Mi poema está hecho, no sé sobre qué.
Me propongo enviarlo a aquel
que, por medio de otro, lo enviará
a Poitou, de mi parte;
y le ruego que de su estuche me haga llegar
la contraclave.

(Guillermo IX Duque de Aquitania y Jaufré Rudel,
Canciones completas, Madrid, Editora Nacional, 1978).

Farai un vers de dreyt nien

Sobre ti, sobre mí, sobre el infierno
de nuestro amor y sobre el paraíso
de nuestro amor, sobre el milagro inútil
de haberte conocido y el abismo
de haber viajado al alba y al crepúsculo
con un monstruo tan dulce y tan dañino,
sobre la huella que dejó tu cuerpo
en mi cama y en todos mis sentidos,
sobre el vestido negro ribeteado
de encaje con que andabas por el filo
de la traición, sobre tu piel blanquísima
y sobre el tiempo que perdí contigo….
Sobre todas las cosas que anteceden
y sobre nada (¿acaso no es lo mismo?)
escribiré un poema, recordando
la canción de Guillermo, con el frío
de la distancia y con la sensación
de no haberlas vivido.

(Sin miedo ni esperanza, 2002)

FE DE ERRATAS
Te mentí, vida mía. Donde dije
“te quiero”, pon “te quiero con locura”.
Donde dije “me muero por tus huesos”,
quise decir “me muero por tu carne”.
Donde dije “lo nuestro es para siempre”,
debí decir “lo nuestro es donde nunca”,
en un mundo en que no mueren las rosas,
en un mundo de fe, libre de erratas.


(La vida en llamas, 2006)

LE JOUR SORT DE LA NUIT COMME D’UNE VICTOIRE*

Epicuro y su piara lo tenían muy claro:
ni temor a los dioses, ni temor a la muerte.
Y no es que los dioses no existan. Es que son
tan perfectos que están más allá del alcance
del hombre y de su mundo. Existen, sí,
pero no se preocupan de las cosas humanas.
Y de la muerte qué decirte. Si estás vivo,
no tienes sensación de estar muerto, y si has muerto
no tienes sensación alguna. ¿Por qué entonces
ibas a preocuparte de la muerte? Vivir
cada mañana como un triunfo, una victoria:
ahí tienes el camino que conduce a la calma.
Tenemos que arrancar cada día del sueño
con el motor a punto y la ilusión incólume,
recién lavados en la sangre de un dragón
al que hemos dado muerte con nuestras propias manos.
Mientras ese dragón hecho de oscuridad
vuelve a juntar los mil y un pedacitos
en que lo hemos trocado por unas cuantas horas,
hay tiempo suficiente para saborear
el triunfo de estar vivos.

(Cuaderno de vacaciones, 2014)

*Verso de La leyenda de los siglos, del romántico Víctor Hugo, uno de los poetas más admirados por el Luis Alberto de Cuenca adolescente.
VOLVEREMOS A VERNOS
Volveremos a vernos donde siempre es de día
y los feos son guapos y eternamente jóvenes,
donde los poderosos no abusan de los débiles
y cuelgan de los árboles juguetes y tebeos.En ese hogar de luz que no hiere los ojos
volveremos tú y yo a decirnos bobadas
cogidos de la mano, viendo morir las olas
sin agobios ni prisas, donde el sol no se pone.Y viviré en tus labios el amor que la Tierra
sintiera por el Cielo cuando el mundo era un niño,
y el tiempo dejará de salmodiar su lúgubre
canción de despedida mientras nos abrazamos.(El hacha y la rosa, 1993)
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